lunes, 10 de agosto de 2015

Fundación Tierra Viva - Boletín Redes Ambientales 54

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lunes, 27 de julio de 2015

Las bolsas plásticas se han convertido en un problema ambiental para el país | Correo del Orinoco

Leyes, ordenanzas y otras acciones ayudarían a limitar su uso|Las bolsas plásticas se han convertido en un problema ambiental para el país
Publicado el 26 julio, 2015 en Ambiente y Ecologia,Inicio,Nacionales,Sociedad,Venezuela
Es corto el trayecto que comparten las personas y las bolsas. A lo sumo, el tiempo requerido para trasladar la compra desde el sitio de venta hasta la casa, y tal vez el de ñapa que le concede a la bolsita en cuestión el ser albergue de basura hasta el relleno sanitario (en el mejor de los casos) o el botadero (la gran mayoría).

Pero esa bolsa que llevamos nos supera en tiempo de vida (ellas subsisten unos 100 años y las personas entre 70 y 80), y aunque no nos crucemos más con ella, muchas otras personas sí lo harán, les guste o no. Y esto la convierte en un problemón que inquieta a gobiernos y figuras dedicadas a la preservación del ambiente. Una de esas figuras es Alejandro Luy, biólogo y gerente general de la organización Tierra Viva, quien recalca que las bolsas son un problema a escala mundial, no solo en Venezuela; recuerda, igualmente, que ellas se encuentran en sitios tan altos como el Everest y tan profundos como el fondo del mar.

La bolsa se usa, como máximo, 20 minutos. “Eso se ha medido”, aclara Luy, en conversación con el Correo del Orinoco. En Venezuela se alarga un poco su vida, porque se utiliza para botar la basura, pero en otros países ni siquiera eso. “La bolsa está hecha con material que viene del petróleo; no se descompone, sino que se degrada”. Es, tal como lo reconoce, “un instrumento muy útil, porque pesa poco y resiste mucho y es de relativo bajo costo”, lo que ha hecho “que vivamos con este objeto”.

Se estima que unos mil millones de bolsas plásticas se emplean al día en el planeta. Aun cuando en Venezuela no hay un estudio concluyente, sí se cuenta con algunos indicadores: “ANSA, que reúne las grandes cadenas de supermercados, en 2013 calculaba que sus afiliados requerían 210 millones de bolsas al mes”.

Cita otra cifra, según la cual cada venezolana y cada venezolano consumirían 150 bolsas por año. “Con una buena acción coordinada se podría reducir a 50 bolsas por persona al año, lo que sería significativo”, calcula.

AMENAZA PARA EL AMBIENTE

La bolsa se utiliza en Venezuela para movilizar la compra y botar la basura, ilustra Luy. Ello implica que te entreguen un producto en una bolsita que no sería requerida, o que te guarden un pan en una bolsa alargada que servirá para muy poco.

En Estados Unidos se estima que se usan 500 bolsas al año por persona, y en naciones como Noruega se usan 4 por año. “En algunos países, incluso, están prohibidas las bolsas de plástico”, cita el biólogo.

Luego de utilizarlas, las bolsas concluyen en botaderos de basura o rellenos sanitarios, “o afeando el paisaje, como ocurre en Paraguaná”. También “terminan en nuestras playas”, entre los pies de un bañista, entre la arena, colgadas de los árboles.

Un estudio elaborado por Fudena en 2013 demostró que el tercer rubro más común en 263 playas fueron bolsas plásticas.

“A medida que se van degradando, las bolsas terminan en pequeños trocitos en el mar. Es decir, llegan a un cuerpo de agua, y pueden ser trozos tan pequeños, que el mismo zooplancton lo puede engullir, lo engullen los peces y los humanos comemos plástico”. En ese tiempo, las bolsas no tan degradadas “causan la muerte de al menos 250 especies”, como ballenas, tortugas o aves.

“El caso de las tortugas es muy particular, porque como la bolsa flota se parece a una medusa, la tortuga la ingiere y una bolsa plástica en su intestino causa la muerte”, lamenta el especialista.

Las dificultades con las bolsas plásticas son tan grandes, asegura, que en el mundo hay unas cinco islas de puro plástico. La más grande está en el océano Pacífico, rememora Luy. “Se forman por el movimiento de las corrientes. Si hay concentraciones de peces se alimentan de eso”, alerta, y el movimiento científico mundial no sabe cómo eliminar este dolor de cabeza.



Pero hay decisiones valientes, como las tomadas por Bangladesh: sufrieron dos eventos monzónicos muy fuertes y las bolsas -relata Luy- obstruyeron obstruyeron el drenaje de la capital, lo que los llevó a restringirlas. En Mauritania, donde se asumió una medida similar, “la prohibición de bolsas plásticas fue consecuencia de que 70% del ganado vacuno y caprino se moría por ellas”.

Este año, el ministerio del ambiente de Ecuador prohibió el ingreso de bolsas plásticas a las islas Galápagos, celebra, y menciona que para Tierra del Fuego existe una resolución similar. En naciones como Ruanda “también están prohibidas las bolsas plásticas”.

Se puede vivir sin la bolsa de plástico, sentencia Luy. “Ruanda hoy tiene las ciudades más limpias de África, y sin plástico”. Más de 20 países africanos tienen regulaciones sobre las bolsas, China promovió bolsas más gruesas que debían ser pagadas y ahorró energía, la Unión Europea instauró normas y está obligado a reducir el consumo de bolsas y a cobrarlas. En Estados Unidos hay más de 100 ciudades que tiene regulaciones sobre las bolsas plásticas, enumera el biólogo.

En Venezuela, en este momento, hay iniciativas de supermercados públicos y privados, pero “nos falta más; nos falta hacer más cosas más sostenidas en el tiempo”, admite.

ENTRE PROBLEMAS

Las bolsas plásticas no son el primer problema ambiental del planeta, pero destacan en la lista de los cinco y además están vinculadas con los primeros.

El cambio climático es la gran dificultad ambiental de la Tierra por sus consecuencias directas o indirectas, mas también se vincula con las bolsas plásticas “porque ellas son petróleo”, precisa Luy.

El agua como factor para el desarrollo es otro problema ambiental, y la realidad es que el plástico “es un contaminante presente en todas las aguas, que afecta la cadena alimenticia”. La pérdida de diversidad biológica es un gran problema ambiental, debido a la deforestación y la cacería ilegal, anota.

En Venezuela, agrega el biólogo, los principales problemas son el agua, porque “no toda la población tiene agua de calidad todos los días”. También lo es “la producción de residuos sólidos, por la cantidad que producimos y la manera como la manejamos”. Suma, por otra parte, la minería ilegal, que promueve la deforestación y contamina suelos, aguas y personas, así como la pérdida de diversidad biológica, las deforestaciones, las invasiones a las áreas protegidas y el comercio ilegal.

PEQUEÑAS DECISIONES, GRANDES TRANSFORMACIONES

Por si fuera poco, las bolsas plásticas dificultan la gestión de residuos sólidos. “Cuando ves la cadena de consecuencias de un producto que estamos derrochando, entiendes la gravedad. Por ser tan aparentemente inocuo lo dejamos a un lado, y eso tiene consecuencias”, alerta

Según apunta el biólogo, la materia prima para elaborar las bolsas viene de Pequiven. “Las bolsas plásticas que estamos botando son petróleo que estamos botando”, y por esa y otras razones deben ser “un tema de interés nacional”. Pese a ello, expone, solo tres municipios han legislado sobre el tema: Santos Marquina, “pero fue derogado y no está vigente”; Carirubana, en Falcón, que solo permite el uso de bolsas degradables; y Chacao, que únicamente avala el empleo de bolsas biodegradables.

Luy propone ensayar, con el Ministerio de Ecosocialismo y Aguas e Inparques, algunas medidas, como no permitir el uso de bolsas plásticas, vasos plásticos ni removedores en parques nacionales. “Lo importante es ver el problema y ver qué podemos hacer para atenderlo. El fin de los parques nacionales es proteger la flora y la fauna, y probablemente con decisiones administrativas podemos dar un primer paso”, alega.

Es posible, igualmente, aprobar ordenanzas municipales que regulen las bolsas “y que fomenten otra manera de relacionarse”.

Como gerente de Tierra Viva, plantea acuerdos interinstitucionales. “Ha faltado, desde la perspectiva privada, educar al consumidor y a sus trabajadores sobre la necesidad de hacer un uso correcto de la bolsa plástica. Muchas veces quienes embalan dan doble bolsa, aunque no es necesario”, detalla. Esta práctica, y otras similares, podrían erradicarse con medidas como las bolsas ecológicas o reservorios confeccionados con tela u otros materiales.

Tierra Viva, en alianza con La Botiquería, ha puesto las bolsas en el tapete y ha dado recomendaciones, “Hemos trabajado el tema en televisión, radio y medios impresos, y en las 126 farmacias que forman la red”, ilustra Luy. Incluso, el año pasado elaboraron el documento Bolsas plásticas, un problema nada ligero, que se envió a las gobernaciones, el Parlamento y el Gobierno Nacional, para ofrecer opciones.

El pasado 3 de julio, la dirección de ambiente de Chacao y seis supermercados “nos unimos y hubo mensajes sobre el riesgo de las bolsas plásticas”.

¿Y la legislación?

¿Legislar sobre las bolsas plásticas es posible? La respuesta, clarísima, surge en boca de Luy: Sí, y no solo es posible, sino que se ha puesto en práctica en países como Irlanda. Allí “se puso un impuesto a la bolsa plástica y en poco tiempo se redujo el consumo de 328 a 20 bolsas al año”. Pero, cabe la acotación, alrededor de eso hubo campaña, concienciación y educación. “El dinero que se recaudaba por el pago de la bolsa se destinaba a un fondo ambiental para sostener proyectos educativos”, remarcó.

Para Venezuela, la organización Tierra Viva propone “un trabajo continuo y sostenido de educación a todos los niveles, para diferentes públicos”, ya que las leyes y ordenanzas “deben ser consecuencia de un trabajo que se haga con la gente” y con acciones como las que se puedan tomar en parques nacionales y locales comerciales.

Incluso, todo podría comenzar -en el mercado popular, en el supermercado, en la red pública o la red privada- con la pregunta a la usuaria o al usuario: “¿Usted realmente necesita la bolsa?”. Si todos los comercios formularan la interrogante sería mucho lo que se lograría, asevera Luy.

Hay otros pasos, como cajas rápidas en los supermercados para quienes poseen bolsas ecológicas, o no evitar las bolsas para frutas y verduras. La suma de los pequeños esfuerzos es muy importante, insiste, porque cada persona puede ahorrar decenas de bolsas.

Luego del proceso educativo, y no antes, Tierra Viva plantea que el Parlamento, Pequiven, ANSA y varias ONG unan esfuerzos para “una legislación acorde con la realidad, orientada a reducir el consumo de bolsas plásticas”. La decisión, en todo caso, debe estar adaptada a la realidad del país y ser resultado “de un proceso de discusión”.

El mensaje “no es único, sino que debe estar segmentado para cada población”, porque no es igual una señora acostumbrada a usar doble bolsa para la basura, que un joven para quien la preocupación por el ambiente es algo cercano, distingue Luy.

“Sí se pueden hacer cosas”, subraya. “Qué bueno sería ver que las grandes empresas de supermercados empiecen a entrenar a su personal para hacer esos cambios, por ejemplo. Muchas cosas podemos hacer”, convoca el biólogo. Una de ellas es decir “no, gracias” cuando ofrezcan una bolsa.

T/ Vanessa Davies
F/ María Isabel Batista

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viernes, 24 de julio de 2015

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